
La presión sobre los derivados del petróleo exige proteger la economía familiar mientras se espera una mayor estabilidad del mercado.
Por Alex G. Olivence | Opinión
Santo Domingo. La República Dominicana enfrenta una coyuntura difícil por el encarecimiento internacional de los combustibles. Sus efectos alcanzan el transporte, los costos de los negocios y el presupuesto familiar. En medio de esas presiones, el Gobierno mantiene una política de subsidios que merece ser reconocida por su esfuerzo para amortiguar el impacto sobre la población.
Para la semana del 10 al 16 de octubre de 2026, el Ministerio de Industria, Comercio y Mipymes (MICM) anunció un subsidio de RD$1,525.4 millones. La medida permite mantener sin variación los precios del gas licuado de petróleo (GLP), la gasolina regular y el gasoil regular. La gasolina premium y el gasoil óptimo, en cambio, registran aumentos de RD$5 y RD$12 por galón, respectivamente.
Para entender esta situación hay que distinguir entre el petróleo crudo y los combustibles ya refinados. República Dominicana importa productos terminados y también refina crudo en Refidomsa. El precio de la gasolina o del diésel depende, además del crudo, de la disponibilidad del producto y de los costos de refinación y distribución. Por eso, una baja del barril no se traduce automáticamente en una reducción equivalente de todos sus derivados.
El subsidio absorbe una parte del aumento que, de otro modo, tendrían que pagar los consumidores. Esa protección tiene valor para los hogares y para quienes necesitan combustible para trabajar. También supone un gasto considerable de recursos públicos, lo que exige explicar con claridad cuánto se destina, qué productos se benefician y cómo se sostendrá la medida.
Mirando hacia noviembre, cabe mantener la esperanza de que el panorama internacional mejore después de las elecciones estadounidenses, previstas para el día 3 de ese mes. Esa posibilidad debe presentarse como una expectativa: el calendario electoral, por sí solo, no garantiza que bajen los combustibles.
Una recuperación dependerá de que se alivien las tensiones internacionales y mejoren las condiciones de abastecimiento. Si se reduce el costo de los productos refinados que compramos en el exterior, podría disminuir la presión sobre los precios locales y sobre el presupuesto destinado a subsidiarlos.
Mientras llega ese alivio, corresponde valorar el esfuerzo del Gobierno y exigir que cada peso destinado a los subsidios cumpla su propósito de proteger la economía de las familias dominicanas.